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Cajta de cartón
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UN CUENTO DE 

Traducción de 

Me siento avergonzado     No eso no     Hay una cosa que me gustaría, que debo contarles, porque me atormenta, y no creo que pueda librarme de ella si no es examinándola minuciosamente, con calma     Todo menos eso     Al mismo tiempo, presiento que contarla, esta cosa, no va a ser nada fácil porque resulta que ahora mismo no puedo quitar los ojos de una película que estoy viendo en la televisión, una película que nunca antes había visto y que parece haber sido filmada pensando en mí, lo cual es absurdo, lo admito, pero esa es la impresión que tengo cuando la veo, y eso que recién acaba de comenzar, justo cuando había decidido hablar de los acontecimientos a los que aludí anteriormente     Debo estar soñando     En la televisión, una mujer de unos cincuenta años, con unos perritos diminutos a sus pies, sucios y excitados, abre la puerta de su sótano y se introduce en la oscuridad con un paso incierto, mientras la música la envuelve con sus acentos chillones y espasmódicos     Todo esto tiene que parar.     

La imagen se oscurece cada vez más, oímos roces, un vago ruido metálico, y quizá algo así como el eco de una queja, pero lejana, acaso un trapo embutido en una boca     Debemos irnos     Una imagen aparece repentinamente, pero todo es tan rápido que el ojo no puede registrarla, y tan pronto se superpone se apodera de la pantalla un blanco cegador, aparecen los créditos acompañados de acordes agrios de sintetizador que se repiten con ligeras modificaciones     Se me congela la sangre.

Nuestro hijo Martín había aprobado sus exámenes y estaba por mudarse a Estrasburgo la semana siguiente     Creo que voy a gritar     Él se había encargado de todo     Esto tiene que parar     En una página web de alquileres, había encontrado una habitación en casa de una mujer que vivía sola y que no pedía ningún depósito en particular, y así podríamos, ¿no?, cargar sus cosas en el auto e ir juntos para ayudarlo con la mudanza     Todos vamos a pasar por ahí      Nos fuimos un domingo por la mañana, porque sus clases empezaban el martes     No puedo creer lo que está pasando     Marion y yo pensábamos pasar allí una sola noche, descubrir juntos la ciudad mientras nuestro hijo desempacaba sus cajas e iba a encontrarse con sus futuros amigos     Está loca     Es como si ya hubiéramos visto la escena en una película, una sucesión de tomas fácilmente identificables a primera vista, nosotros sacando las cajas, nuestro hijo enviando montones de mensajes, algunas palabras con la mujer de la casa donde se alquilaría la habitación, y luego nosotros, Marion y yo, en las calles de Estrasburgo, planos generales de las fachadas, un café, luego el hotel, la habitación espaciosa, la vista sobre la catedral, pero la otra película ha comenzado, aquí, ahora, en la televisión, veo a la mujer del principio pero más joven, en mejores condiciones, me atrevería a decir que es una executive woman en todo su esplendor, va de una oficina a otra, hace llamadas telefónicas, da órdenes, consulta archivos, es una secuencia, casi un clip, excepto que la música que la acompaña es falsamente alegre, algo así como una música de ascensor o de centro comercial antes de que los zombis ataquen     ¿Por qué hace eso?     La escena cambia bruscamente: un chico en bicicleta, diez años como mucho, que se estrella sin previo aviso contra un auto lleno de adolescentes borrachos     Ella sostiene algo en la mano    En la toma siguiente la mujer tiene el cabello sucio, enredado, sus ojos están vacíos, está sentada en la mesa de la cocina, el teléfono suena pero no contesta     Todo ese odio en sus ojos     Primer plano de sus manos, que tiemblan     La escucho gritar.

Salvo que, por supuesto, las cosas no sucedieron así, no tuvimos la oportunidad de disfrutar de un poco de ese turismo romántico que habíamos planificado, porque cuando llegamos a la dirección que nos había indicado nuestro hijo, muy lejos del centro de Estrasburgo, además, en una zona suburbana desierta, los acontecimientos tomaron un giro desagradable     Sangre en el corredor     Primero, llamamos a la puerta y esperamos, luego volvimos a llamar, y volvimos a esperar     Sangre en las paredes     Nada     Sangre en sus manos     Aquello duró unos diez minutos     Su risa como un cuchillo     Se escuchaban perros ladrando adentro, el desagradable sonido de sus garras sobre las cerámicas     Ella tiene algo entre los dientes     Marion y Martín dijeron que era solo cuestión de volver más tarde     Lo escupe     De repente vi pasar una forma detrás del cristal esmerilado de la puerta de entrada        Es rojo     Se lo dije a mi mujer y Marion se dio vuelta, pero, al no ver nada, pensó que era una broma, yo hacía ese tipo de cosas, ya sabes     Sube un hedor desde el sótano La forma entonces volvió a pasar y todos nos miramos, el mismo pensamiento desfiló por nuestras cabezas, como en un teletipo: hay alguien     Hay alguien.

Volvieron a pasar cinco minutos, los perros aparecieron, sucios y nerviosos, luego la mujer se acercó a nosotros, pero al pasar por el jardín, al observar su andar, nos quedamos paralizados     Es un cuchillo oxidado     Debo de haberme perdido algunas tomas, no entiendo realmente lo que está pasando, quizá una de esas elipsis fáciles que permiten a los directores cambiar radicalmente de perspectiva mientras obligan al espectador a llenar las lagunas, aunque conservando ciertas dudas     Los gritos no son suyos     La mujer parece estar mejor     Marion grita en el piso de arriba.  

   

Ella limpia metódicamente, pero sin prisa     Algo grita Martín     En la película la vemos solamente de espaldas, aunque a veces se distingue su perfil, sí, es ella, comenzando por el primer piso, luego el salón, luego la cocina, empuja con el pie un cubo lleno de agua espumosa a medida que avanza, trapea, a veces la vemos frotando con una esponja el rincón de una mesa o algún borde, pero hay algo en la forma en que se la filma, el encuadre es inestable, el malestar es obvio     Pero ¿qué hace?     De pronto deja de hacer lo que estaba haciendo, se queda quieta, absolutamente quieta, un ruido extraño se apodera de la habitación, la cámara se acerca, casi como si fuera a atravesarla, y es entonces cuando la mujer se da vuelta muy despacio hacia nosotros, y ahí estamos —pero se me ha olvidado mencionar lo que quería decir acerca del andar de la mujer que iba a ser la casera de nuestro hijo —esta palabra, "casera", me parece vacía de sentido desde entonces     Es la muerte quien nos abre.

Era claro que estaba borracha, al menos que había bebido la noche anterior, acaso se haya quedado dormida en el sofá, estaba descalza, con los dedos de los pies negros, como si hubiera cavado un hoyo en el jardín o se hubiese caído en los parterres y recién se hubiese levantado    Nos van     Todo pasó tan rápido y tan lento, como en una pesadilla o en un acuario olvidado después de una muerte inexplicable              Visitamos las habitaciones una por una, y todas estaban repugnantemente sucias, no existe otra manera de decirlo, sobre todo el cuarto donde debía instalarse nuestro hijo, el colchón estaba amarillento y desecho, y bajo las sábanas meadas y arrugadas un agujero del tamaño de una cabeza, con un puñado de trapos marrones dentro como de relleno, estábamos estupefactos     masacrar.      

Una niña entra en el encuadre, aparentemente una estudiante japonesa que viene a vivir con la casera, esta mujer sola a la que hemos visto hacer la limpieza, para luego dejar de hacer la limpieza, quedarse inmóvil, darse la vuelta, ya la estudiante está sacando sus cosas, parece un poco triste, aunque quizá solo esté preocupada por la cantidad desproporcionada de fotos del niño que decoran las paredes de su habitación, la cámara enfoca una de estas fotos, tenemos la impresión de que se trata de un niño dormido, pero su cara está extrañamente maquillada, no, no está durmiendo, está muerto     Ella levanta la mano     La estudiante japonesa se muerde el labio inferior     Debo reaccionar     En el siguiente plano, vemos una silueta invadir la pantalla mientras oculta de a poco a la estudiante, como un eclipse, como una trampa que se cierra     defenderme.

De ninguna manera vamos a dejar a Martín aquí, susurra Marion, vamos a decirle que nos vamos, y luego tratamos de encontrar otra cosa para Martín, esto ya es demasiado      Demasiado tarde     Voy a ver a la mujer que se ha quedado en el jardín, en una silla de plástico, la mirada perdida en el vacío, o más bien buscando algo que escape a la dictadura del vacío, que le ayude a volver a la realidad, o al menos a una zona menos borrosa, menos inestable     Ella lo ha planeado todo     Le explico que no tomaremos la habitación, que nos vamos, sin dar más explicaciones  arreglado todo      Sucede algo extraño, monstruoso, sangre que chisporrotea, gritos llenos de burbujas, todo está filmado cámara en mano y la confusión de las imágenes se multiplica gracias a un montaje ultrarrápido, zooms hacia delante y hacia atrás en ráfagas, quizá imágenes subliminales    Nos estaba esperando    Entonces otra vez saturación, sobrexposición, blanco, blanco, blanco, y la historia continúa, nueva elipsis, sí, eso es, falta algo, la mujer es filmada de nuevo de espaldas, deambula de habitación en habitación, comprueba que la puerta del sótano esté cerrada con llave, abre el horno, mira dentro, lo cierra mientras murmura, o mientras ríe, aleja con el pie a los perros, hace gestos sin sentido con las manos de vez en cuando, hay vasos por todas partes, cadáveres de botellas, la sentimos cada vez más nerviosa, de repente tocan, se escuchan golpes en la puerta, la mujer se queda inmóvil, luego va y comprueba una vez más que la puerta del sótano esté cerrada con llave     En adelante, nuestra carne le pertenece     Se acerca muy lentamente a la puerta principal, pero no la abre, solo espera    La locura nos envuelve.

Marion está arriba con Martín, hablan en voz baja, algo debió de haberles llamado la atención     El sabor de la sangre en las encías     Parece como si movieran un mueble o algo así     Los cartílagos      La mujer, por su parte, me escuchó sin decir nada, y no pareció molestarse     Los tendones      Finalmente se levanta y pasa delante de mí, me dice que va al sótano a buscar una botella que quiere ofrecernos "para compensarnos", esa es la palabra que utiliza, quizá pueda ayudarla a encender las luces del sótano porque le cuesta alcanzar el interruptor, sería muy amable de mi parte     Cada nervio arrancado     Arriba, un grito, un aullido desgarrador    La piel arrancada     Me doy vuelta     El cráneo abierto      La imagen se ha congelado en la televisión     El vientre despedazado     El recuerdo de lo que sucedió en ese suburbio de Estrasburgo también se fija      No se detendrá           Vuelvo a ver algunas cosas      Ella sabe lo que hace.

Pero los golpes, por supuesto, no los vuelvo a ver, los siento pero no los veo, caen sobre mí como cae la lluvia, sobre mí, sobre Marion, sobre Martín, sobre la estudiante japonesa, la mano cae, la hoja entra, chorros por todas partes, sobre las paredes, las puertas, nos rendimos, todo se rinde, nuestros ojos, nuestras bocas, la pantalla, los golpes se intensifican, vienen de detrás de la pantalla, esta última se agrieta, se quiebra, casi como si se hinchara, como si vibrara, un enorme ojo de vidrio en el que todo se refleja

 lo que nos esperábamos

            lo que más temíamos

                      lo posible y lo imposible

                           aquello que sucedió y aquello que imaginamos - lo real y su secreto.

Entonces, de entre las grietas cada vez más cristalinas del ojo cada vez más ampollado, la voz de la mujer se escapa y se arrastra en nuestros recuerdos como una humarada amarga y definitiva, que nos asfixia y nos perdona y nos echa de allí, atacándonos con estas palabras: "Ya verán ustedes".

Ya verán ustedes.

                 Y claro, nosotros dejamos de ver.

                           Hemos visto y ya no vemos más.

Es esa la definición misma del recuerdo. La peor definición que uno pueda dar.

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